Aunque esta descripción básica se queda corta frente a las posibilidades de dicho órgano, pues la totalidad de sus misterios aún no han sido revelados, los investigadores han descubierto importantes particularidades del mismo; por ejemplo, se sabe que los dos hemisferios que lo conforman se relacionan con actividades muy diversas y funcionan de modo muy diferente, aunque complementario. Pese a que ambos utilizan modos cognitivos de alto nivel, perciben la realidad externa en forma particular, sin que ello quiera decir que una parte sea más importante que la otra; de hecho, para tener una percepción integral de la realidad o realizar determinadas tareas, los necesitamos a ambos. De acuerdo con ello, por ejemplo, se sabe que el hemisferio izquierdo analiza en el tiempo, mientras que el derecho sintetiza en el espacio.
Este carácter bilateral en la percepción y análisis de la información permite afirmar que el hemisferio izquierdo procesa la información analítica y secuencialmente, de forma lógica y lineal; ello le permite analizar, abstraer, contar, medir la temporalidad, planear procedimientos paso a paso y verbalizar. Según las investigaciones, el hemisferio izquierdo emplea un estilo de pensamiento convergente, lo que le permite obtener nueva información a partir de datos ya disponibles, y ello, a su vez, lo faculta a formar nuevas ideas y a absorber rápidamente los detalles.
Por su parte, el hemisferio derecho se especializa en la percepción global y en sintetizar la información que absorbe. Se distingue por ser holístico e intuitivo, en vez de lógico –como el izquierdo–, lo que le permite entender las metáforas, los sueños y las expresiones artísticas, entre otras. También, tiene capacidad espacial y perceptiva; así mismo, permite expresar y advertir la imaginación y la fantasía. El hemisferio derecho emplea un estilo de pensamiento divergente, lo que le permite crear una variedad y cantidad de ideas nuevas, pues no analiza la información, sino que la sintetiza.
El cerebro es un sorprendente universo, gracias al cual no sólo debemos el desarrollo de las civilizaciones humanas, sino que nos permite proyectarnos integralmente como seres individuales y en el marco de una sociedad.
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